
Katherine Peláez
Por: Javier Santamaría
Sigamos echándole sazón al caldo televisivo de “Farsagonsitas de nuestra Tele”, ¡ah, no, no me equivoque al teclear, advierto!, así es que debe llamarse este show de televisión real, convertido según las encuestas en el más visto por la impredecible teleaudiencia colombiana, incluido yo, que por mi oficio como critico de TV, debo meter mis narices allí, convirtiéndoseme esto en una costumbre masoquista, salpicada del morbo nato que todos albergamos y principalmente porque quiero ver como los libretistas del circo desenredan el nudo melodramático de este culebrón de convivencia.
Lo cierto del caso y recurriendo a mi dormido instinto de libretista (estudie con el maestro Héctor Forero) advertí que era más que obvia, la protección concedida benévolamente por los jurados a la histriónica, odiada y amada paisita Katherine, a quién ya le tenían puesto el ojo para ser amenazada por convivencia, pero como los productores no son caídos del zarzo, recurrieron al recurso de la protección para evitar la salida inminente de su villana-heroína estrella, una de las participantes que le pone excesos de pimienta al caldo.
Ni que decir de Cristian “camándula” Suárez, ¿héroe o villano?, ustedes que piensan…tiene las dos facetas y las maneja a la perfección, aunque físicamente no es muy llamativo, tiene un histrionismo natural que tiende más hacia la villanía maquiavélica tan de moda en la realidad nacional y con la cual se siente cómodo, lo demostró en prueba de talento y los profesores y jurados la olfatearon igualmente, por lo tanto, este par de personajes extraídos de las entrañas del populacho, se están erigiendo sin querer queriendo como los nuevos villanos de la televisión colombiana, gústele a quien le guste.
El señor Harrison, el Cupido rapero, quien pasa a convertirse sin querer, queriendo, en el héroe de este melodrama, circo y farsa de la televisión colombiana, pues funge hábilmente como el joven más diáfano, frentero, nacido y criado en el bajo mundo de los suburbios de Medellín, eso sí, un estupendo estratega dentro del juego y es quién le ha puesto el toque romanticón al soso argumento de este formato de televisión real.
¿Que piensan de un tipo como Harrison? cuya esposa acaba de dar a luz y el caballero sin melindre , ni pizca alguna de respeto por su compañera , empieza a cortejar a una de sus compañeras de competencia, le dedica sentidas canciones, la abejorrea constantemente aumentando los niveles de libido en sus venas y cerebros, en un hermoso espectáculo que presencia noche a noche la esposa traicionada…y que pensar de una señorita quita maridos, que aún a sabiendas de esta situación, cae como mosca en la miel y le sigue el juego a Cupido rapero, ¡sí, sí, dígalo sin recato!, otra farsa más…de este argumento , pero que tiene que darse para mantener la expectativa del morboso televidente y al fin de cuentas a estos señores y señoritas les están pagando un sueldo mensual nada despreciable, pero al fin de cuentas las ganancias para el Canal son muchísimo más grandes, de eso no quepa la menor duda.
La final según mi olfato dormido de libretista debe estar obligadamente dada entre los dos villanos estrellas Cristián y Katherine y los dos Héroes Harrison e Ingrid, pues el resto, los personajes catalizadores y de reparto ya cumplieron su función.
Y si el canal se jacta de jugar transparentemente, permitan sin meter la mano, que los televidentes furibundos de “Farsagonistas de novela” elijan entre estas parejas a los dos finalistas y posteriormente al ganador final, eso si no les da por reintegrar a la casa-estudio a uno de los eliminados para alargar el show televisivo y me late, que late, que será Sergio, el ex señor Colombia o quién quita que el afortunado sea Oscar Mejía.
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