
Por: Javier Santamaría
Se dice que nuestro país goza de una biodiversidad envidiable, su fauna y flora encabezan la lista de los ecosistemas más importantes de este maltratado planeta, pero en esta ocasión quiero referirme específicamente a un tipo de fauna muy peculiar aposentada en un ecosistema igualmente singular: el laboral.
La fauna del ecosistema laboral es diversa y en ella encontramos múltiples especies e híbridos, que conviven a fuerza en un campo territorial en el que paradójicamente logran sobrevivir los más astutos y arpías. Lo digo con plenos fundamentos, ya que lo he escarmentado en carne propia.
Entre las especies más sobresalientes de la fauna laboral se encuentran las hienas, inteligentes y estratégicas, siempre con una risilla malévola en su hocico, emiten un aullido que se parece a la risa histérica de una persona, cobardes y carroñeras por naturaleza, su puja se da directamente contra los leones de la manada.
También se destacan las cobras, mortíferamente venenosas, algunas tienen la capacidad de escupir a sus víctimas a los ojos, produciendo ceguera y tremendos dolores.
Los camaleones abundan en el ecosistema laboral, su privilegio de mimetización les permite sobrevivir e igualmente engañar a sus eventuales enemigos, cambian de color según su conveniencia.
Los zorros, quizás los más astutos, con oídos y olfato agudizados, no mastican, se engullen entera a su víctima. Tienen también cabida los búhos, con un oído agudizado y pasan aparentemente desapercibidos, pero su voz poco se escucha.
No podían faltar los famosísimos y vilipendiados sapos y lagartos, su fama los hace elementos no gratos dentro del ecosistema laboral, unos actúan por convicción de honestidad genuina y otros para conseguir propósitos específicos. Una lista larga en verdad que incluye ardillas, mosquitos, águilas reales, pirañas, leones, tigres y panteras, amigables delfines, pero quiero referirme específicamente a un híbrido extraño que yo creo no existe ni en la selva amazónica, se trata de:
la rana dardo venenosa dorada disfrazada de mosquita muerta.
Esta rana, de solo 30 gramos, es capaz y tiene tanto veneno como para matar a 10 hombres adultos. El mayor peligro radica en su habilidad para disfrazarse de mosquita muerta victimizada, ante todos los demás miembros del ecosistema laboral, es mas astuta que el zorro, muy hábil para urdir patrañas sucias, maquiavélica, egocéntrica y déspota, tiene cualidades camaleónicas que maneja a la perfección y fuera de eso, tiene virtudes de sanguijuela en el plano laboral, mediocres como ningún otro, quiere que todo gire en torno suyo y quien no sea celestino de sus planes e intenciones se convierte de inmediato en su enemigo acérrimo al que se ensaña en devorar como piraña.
Cuando uno se encuentra frente a una rana dardo venenosa dorada disfrazada de mosquita muerta, al primer vistazo usted cree estar frente a una tierna gatita persa, que ronronea dulcemente y te hace coqueteos entre tus piernas para que la cargues y la mimes, adorable en verdad, pero con el tiempo quedarás absorto de ver que esa linda y tierna gatita persa, se va convirtiendo en la terrible rana venenosa dorada disfrazada de mosca muerta.
La rana dardo venenosa dorada disfrazada de mosquita muerta es muy amiga de otro hibrido: el zorrillo camaleón, de hocico pestilente, juntos hacen una pareja básicamente de estrategias, urden planes en pro de sus propósitos personales y laborales, eliminan de su camino al espécimen que se convierta en la piedrilla en el zapato, son astutos para cambiar de ropaje y no se le extrañe que el uno termine engulléndose al otro, pues su instinto traicionero y bajo son prueba fehaciente de su descarada falta de escrúpulos.
El ecosistema en el que me encontraba inmerso me asqueo, yo era otro híbrido, lastimosamente en vía de extinción, se trata del delfín-perro, solidario, amigable, algo temperamental, sicorígidamente honesto, leal, critico, convive en grupos pequeños, pero no es muy dado a las cofradías, ni a urdir artimañas, ni pisotear a los demás para conseguir sus objetivos laborales, habla de frente y sin enmascarar las palabras en falsas adulaciones ni lambonerías, no comulga con las especies sanguijuelas, ni con las injusticias y la falta de equidad.
Tiene muchos depredadores dentro del ecosistema laboral el delfín-perro, por eso a veces le toca convertirse en un león fiero cuando se le acusa de algo injusto o se le hacen señalamientos malintencionados, a veces peca como trucha nadando contra la corriente y en ultimas se convierte en el Halcón que emprende vuelo en busca de nuevos horizontes, un suelo nuevo donde posarse serenamente sin faltar a sus principios éticos, es muy probable que se vuelva a encontrar con una rana dardo venenosa dorada disfrazada de mosquita muerta y el zorrillo-camaleón de hocico pestilente, pero ya con el suficiente conocimiento de estos depredadores para enfrentarlos como la madre naturaleza manda.
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