Wednesday, June 2, 2010

EL VERDE NO DESTIÑE...


Por Diego Martínez Lloreda

¿Sigue creyendo que la vida es sagrada?¿Que el fin no justifica los medios?¿Que la violencia, la desigualdad y la corrupción no son un destino, sino un problema que podemos superar?¿Que los recursos públicos son sagrados?

Si la respuesta es sí y si usted cree que vale la pena llevar a la Presidencia a alguien que defienda esos principios, es el momento de redoblar esfuerzos para materializar ese sueño y para contribuir a lograr un nuevo milagro.

Porque lejos de un revés lo que el Partido Verde logró en las elecciones del domingo pasado fue un verdadero milagro: haber conseguido que en sólo dos meses tres millones de colombianos se sumaran a su causa renovadora, sin ofrecer auxilios, puestos, subsidios o cualquier otro de los ‘ganchos’ que los políticos colombianos disfrazan de gestos de equidad social, pero que no son más que anzuelos para pescar adhesiones.

Cuando Enrique Peñalosa, Luis Eduardo Garzón y Mockus decidieron unir sus esfuerzos para construir un nuevo partido, que cambiara la forma de hacer política en este país, tenían muy claro que el suyo era un proyecto a largo plazo. Y así lo advertían en los recorridos que hicieron juntos por el país, porque tenían claro que de la noche a la mañana no se van corregir vicios tan acendrados como los que han corroído la política nacional.

Por eso, su apuesta para estas elecciones era modesta y hasta tímida. Aspiraban a lograr 500 mil votos para la consulta en la que se elegirían candidato presidencial y a sacar un par de congresistas en las legislativas. Pero ocurrió que ese mensaje de transparencia caló entre muchos colombianos hastiados de las vagabunderías de la política tradicional.

Y se produjo la ola verde que, independientemente de los resultados del domingo le prestó un inmenso servicio a la democracia nacional: poner en la agenda de la campaña un tema que hasta hace muy poco no le preocupaba a ninguno de los aspirantes presidenciales: la legalidad y la lucha contra la corrupción, como política de estado.

Las encuestas, es cierto, hicieron creer que esa revolución pacífica de la legalidad democrática era inminente. Pero los resultados electorales nos hicieron aterrizar y nos regresaron a la certeza de que un cambio de esa magnitud no se da de buenas a primeras. Sin embargo, ahí le quedó a la clase política ese meridiano clamor de tres millones de colombianos a favor de una forma distinta de manejar los asuntos públicos.

Un gran motivo de alegría y de esperanza es que Cali, una ciudad tan golpeada por los malos gobiernos y por la cultura del atajo del todo vale, haya sido entre las capitales colombianas en donde la disputa entre Santos y Mockus fue más pareja. Y que al final la diferencia a favor del candidato de La U apenas haya sido de tres puntos, lo que en una encuesta hubiera equivalido a un empate técnico. Ese resultado sin duda refleja que algo está cambiando en esta ciudad y que los caleños queremos sacudirnos de esa cultura narca que nos ha gobernado por años.

Para los miembros del Partido Verde el mensaje es que ahora hay que trabajar más que nunca para materializar esos principios que están más vigentes que nunca. El reto es lograr un nuevo milagro el 20 de junio: hacer que el entusiasmo y la esperanza que continúan generando las propuestas de Antanas Mockus se traduzcan en votos. Sólo logrando ese cometido, daremos un nuevo golpe en la segunda vuelta electoral.

Lo más importante es tener claro que la lucha por construir un país legal no concluye ese día, independientemente de cual sea el resultado electoral, sino que apenas empieza.


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