
Era una ficción mediática, dice Piedad Córdoba. Era una ilusión construida por niños en Facebook sin ningún asidero en la realidad, dicen otros. Era un invento de los encuestadores para luego destruirla en las urnas, aseguran los más paranoicos. ¿Qué era la ola verde y en qué se convirtió?
Primero, un poco de perspectiva. La ola verde sí existió. Con muy poca maquinaria, Antanas Mockus obtuvo 3.120.000 votos y pasó a la segunda vuelta. Los verdes duplicaron en un mes y medio la votación de la consulta interna del 14 de marzo. La adhesión de Sergio Fajardo fue fundamental para meterle un turbo a la candidatura verde, pero eso por sí mismo no explica el aumento de votos, pues en las legislativas Compromiso Ciudadano tan solo sacó 183 mil votos.
Los verdes le ganaron al Partido Conservador y al Liberal, al Polo y a Cambio Radical. Germán Vargas Lleras, considerado hoy como uno de los grandes ganadores de la jornada, sacó la mitad de los votos de Mockus.
El Partido Verde obtuvo la primera o segunda mayor votación en todas las grandes ciudades del país, salvo las de la Costa Atlántica donde quedó de tercero después de Petro. Es decir, que Mockus, Garzón y Peñalosa, que hace unos meses parecían un fenómeno completamente bogotano, lograron cautivar ciudadanos en todo el país.
Y Mockus se volvió triunfador después de varias debacles electorales. Hace cuatro años cuando su grupo Visionarios con Antanas se lanzó al Senado no pasó el umbral en las legislativas y su candidatura a la Presidencia con el aval de la ASI obtuvo tan solo 146.583 votos, equivalentes al 1,23% de la votación total.
Cuatro años antes, su lista de los 'apóstoles' ni siquiera pasó el umbral por lo cual decidió adherirse a Noemí Sanín, con quien sí fue un fenómeno de opinión importante al obtener el 27 por ciento de la votación.
En conclusión, que Mockus lograra pasar a la segunda vuelta es un triunfo, y no una derrota. Y en cierta forma, es una proeza. Lo obvio es que hubiera ganado Juan Manuel Santos en la primera vuelta. Todo esto, claro, si uno jamás hubiera visto una encuesta ni las manifestaciones en las calles.
La adición de Fajardo, le metió turbo la candidatura de Mockus, porque la gente sigue sobre todo a los seguidores. Sin embargo, Uribe logró quitar los ojos de la ola y ponerlos solo sobre Mockus.
Del lado de Santos
Lo obvio es que Santos hubiera ganado en primera vuelta porque el Presidente Álvaro Uribe lleva ocho años con una popularidad por encima del 70 por ciento, lo cual significa que por lo menos dos de cada tres colombianos sienten que hoy sufren menos que hace una década y que por lo tanto, no tendrían demasiados incentivos para cambiar. La mayoría de esos colombianos votaron de manera libre e inteligente por Santos, que les prometía seguir avanzando por el mismo camino y que además era creíble porque estaba detrás de éxitos contundentes contra la guerrilla.
Además de la popularidad del uribismo, el Presidente intervino abiertamente a favor de Santos, repitiendo la metáfora de su gallinita Doña Rumbo y sus huevitos, en conversatorios universitarios todas las semanas durante los últimos dos meses y en sus alocuciones radiales a radios comunitarias por todo el país.
Y si eso no bastaba, el aparato del gobierno le fue funcional a la campaña santista. Varios de los contratistas de Acción Social, que son muchos, concientizados de que programas como Familias en Acción y otros podrían reducirse en un gobierno más responsable fiscalmente se encargaron de contarle a los millones de beneficiarios del riesgo que corrían si no ganaba Santos.
El director del Sena le envió un correo a toda su base de datos de más de tres millones de personas alertando sobre el peligro que 'algunos candidatos' quieran acabar con los parafiscales justo unos días antes de que Santos le preguntara a Mockus en un debate sobre la educación técnica (financiada con parafiscales). Y luego, mostraron el video del Presidente diciendo lo mismo en clase.
En el Seguro Social se regó el chisme que a Mockus tampoco le gustaba la institución porque la gente estaba ahí 'por palanca'.
En la Federación de Municipios, que no es del Estado pero es como si lo fuera porque maneja recursos de los contribuyentes y es uno de los principales lobbistas en el Congreso, el director Gilberto Toro reunió a toda la planta del personal (solo 300 en Bogotá) el viernes pasado y les recomendó votar por Santos 'porque hay que cuidar la papita' y a Sergio Fajardo no le gusta la Federación.
Estos son solo algunos casos que reportó La Silla Vacía y que se suman a los denunciados por otros medios donde desde los altos funcionarios del Estado se sembró el temor en los empleados de perder su puesto. Y todavía no se sabe por qué estaban policías pidiendo resultados de la votación en las urnas o por qué el jefe del sindicato de la Registraduría se reunió con Juan Manuel Santos el día anterior a las elecciones.
La maquinaria se movió
A todo esto, hay que sumarle el hecho más relevante. Y es que en estas elecciones -como era predecible pero los medios no lo reportamos lo suficiente- volvió a operar la coalición del Frente Nacional, esta vez unido bajo la sombrilla de la U. La maquinaria del Partido Liberal unida a la maquinaria del Partido Conservador unida a la maquinaria de Cambio Radical se unieron bajo la sombrilla de la U para elegir a Santos en primera vuelta.
El pegante de esta coalición -fuera de su propia supervivencia política amenazada por la fuerza que estaba cogiendo el candidato antipolítico- fue la lógica de la Guerra Fría que aún impera en Colombia. Evidencias de que la culebra de la guerrilla sigue viva y la amenaza siempre latente del proyecto expansionista de la revolución bolivariana de Chávez calma cualquier mala conciencia producida por la deslealtad al propio partido. Uribe les dio el lenguaje y el objetivo para dar el paso, la seguridad democrática como fin último.
¿Pero, y el empate técnico?
Pero todo esto ya existía y aún así, contrariando todas las lógicas, las encuestas daban un empate técnico entre Santos y Mockus. Y en menos de ocho días, el candidato de la U le sacó 25 puntos. ¿Qué le pasó a la ola?
La explicación, por lo menos por ahora, es que Santos hizo varias cosas bien y Mockus y su campaña hicieron muchas mal.
Santos logró frenar la ola. Ante el entusiasmo creciente por la candidatura de los Verdes, Santos decidió reenfocar su campaña y volverla un plebiscito sobre el uribismo. Ligando su suerte a la de Uribe, usando los logos de la U, regionalizando la campaña, promoviendo marchas de agradecimiento al Presidente, presentándose humildemente como su continuador, imitando incluso su voz, y eliminando el Santos de los afiches, el candidato de la U logró borrar sus diferencias frente al Presidente y dejar claro que él era la mejor versión posible de Uribe. Un veinte por ciento no le creyó y votó por Vargas Lleras o Noemí Sanín, pero casi un cincuenta por ciento aceptó la versión.
Por otro lado, cuando Mockus metió en la agenda de la campaña el tema de la corrupción, donde Santos salía perdiendo pues implicaba necesariamente criticar al gobierno, la campaña de Juan Manuel Presidente hábilmente logró crear dudas sobre la competencia de Mockus para gobernar.
Una entrevista por parte de Rafael Guarín, mano derecha de Rodrigo Rivera, el director político de Santos, en la que se indujo a Mockus a decir que si la Constitución lo exigía Mockus extraditaría a Uribe, aunque preferiría no tener que hacerlo, bastó para comenzar a crear la idea de que el candidato verde no conocía realmente la ley que decía defender.
Mockus cayó y luego volvió a caer solito con su comentario de que admiraba a Chávez por haber sido elegido democráticamente. Y luego, con que era ateo, y luego con que no lo era. En fin, la campaña de quien pocas semanas antes había dicho 'que solo los imbéciles no cambian de posición' explotó con la ayuda de los medios estos titubeos y rectificaciones, que unidos a lo del Parkinson, crearon en muchos recien convertidos mockusianos la idea de que después de todo, elegir a Mockus era un salto al vacío.
La campaña verde, inexplicablemente, no logró sacar a relucir los logros de Mockus como administrador dos veces de la ciudad más compleja de Colombia. Ni siquiera cuando en el debate de CitiTV y El Tiempo hablaron de cultura y todos los candidatos prometieron hacer bibliotecas, Mockus cobró que él y Fajardo habían hecho la red de bibliotecas más grandes del país.
En solo un mes, Mockus perdió 20 puntos en intención de voto en Bogotá después de decir que era ateo y que podría extraditar a Uribe. En la encuesta Ipsos Napoleón Franco del 26 de abril, Mockus líderaba la intención de voto en Bogotá con el 50%. Le llevaba 19 puntos a Santos, quien registraba el 31% de intención de voto. Y un mes después, el 22 de mayo, los puestos ya habían cambiado: Mockus tenía ahora el 32% de intención de voto en la capital, y Santos el 42%. Todo el uribismo que Mockus había logrado morder en la capital, lo perdió con esas declaraciones. Y así se reflejó en las urnas el domingo.
También perdió a aquellos colombianos que vieron cómo la campaña de Santos anunciaba de frente que traía a J.J. Rendón, experto en rumorología, y a los pocos días comenzó a aparecer la campaña sucia, y Mockus no hizo nada por defenderse. En un país gobernado durante ocho años por el 'más macho' ver a un candidato que ponía la otra mejilla creó desconfianza en su capacidad de defender al país de una agresión mayor.
LA SILLA VACIA
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