Saturday, November 7, 2009

LA ODISEA DE SER UN DESEMPLEADO A LOS 40



TEMAS PARA REFLEXIONAR

A pesar de tener el conocimiento, la experiencia y otros méritos, muchos colombianos se quedan sin empleo por un solo pecado: no ser jóvenes.

Perder el trabajo después de los 40 años y conseguir uno nuevo no es cuestión de método. De nada vale una hoja de vida sustentada con las inversiones realizadas en estudios o la experiencia ganada en los trabajos sumados a lo largo del tiempo.

La carrera laboral de Ester se frenó hace dos años. Tenía 44 cuando en la empresa donde trabajaba le anunciaron una reestructuración. Desde entonces no ha hecho más que ofrecer sus calificados servicios como ejecutiva de cuenta y buscar por aquí y por allá, sin éxito, cómo recuperar su vida profesional.

Se deprimió, dejó de comer, el sueño se le interrumpió y el estrés la invadió. Pasó meses buscando un trabajo de su altura, después imploró uno honesto que le permitiera seguir sosteniendo a su hijo adolescente y ahora se encuentra cobrando por contabilidades esporádicas en pequeños negocios recomendados por amigos y familiares. “Me tocó ser realista, después de los 40 años nadie te da trabajo”.

Para el trimestre de junio-agosto de este año, la tasa de desempleo ascendió al 12,2% en el país. Ester hace parte de esa estadística desde hace dos años.

Los jefes de hogar son la población que más engrosa la cifra de desempleados en Colombia y, para el investigador laboral Héctor Vásquez, todo un indicador de lo que le pasa a quienes superan los 40 años.

“Este sector fue el que más aumentó la tasa global de participación al pasar del 5,7% (2008) al 7,1% (2009). Esto se ve reflejado en la presión de miles de personas buscando un puesto”.

Este investigador argumenta que la situación de los cuarentones entró en crisis en la década de los 90 con la apertura económica, la misma a la que acusa de promover la reducción de los costos en las empresas y la tendencia a reemplazar el personal antiguo por principiantes con salarios “precarios”.

Los nuevos empleados representan para una organización ventajas económicas en la nómina, pues son vinculados a través de cooperativas o por contratos fijos y sin prestaciones. Ante esto, la experiencia de los curtidos empleados puede terminar por condenarlos.

Elizabeth lo cree así. Sube el tono cuando cuenta que le entregó 20 años de su vida a una importante empresa y lo disminuye al recordar que a sus 43 años le pidieron la carta de renuncia por la ya famosa “reestructuración”: “Un día cualquiera me llamaron y me dijeron ‘negociemos porque la empresa se va a fusionar’ y de un momento a otro se me derrumbó el castillo que había construido con tanta dedicación”.

“Gracias a Dios” siempre fue organizada con las finanzas y sus ahorros le permitieron seguir viviendo tranquilamente cuando se agotó lo de la liquidación, pero la verdad es que sigue siendo un golpe que la sumió en la depresión.

Comenzó a sentirse inútil sin trabajar. Envió una y otra hoja de vida, pero irónicamente su amplio curriculum le cerró la puerta en más de una empresa. “Me presenté a una entrevista pero cuando supieron lo que ganaba me dijeron que no servía porque sólo me podían pagar la mitad de lo que merecía. Insistí en que no me importaba, que quería sentirme útil, pero la verdad es que me descartaron precisamente por mi alto nivel”.

Elizabeth reconoce haber dedicado más tiempo a su bienestar profesional que sentimental. Se reprocha haber sacrificado el tener un hogar e hijos, porque cuando así lo quiso ya era demasiado tarde. Por eso ahora ya no quiere saber más de entrevistas de trabajo, ni de horarios extenuantes: quiere ser independiente.

María Claudia Peralta, coordinadora del área de psicología de organizaciones y de trabajo de la Universidad de La Sabana de Bogotá, dice que la percepción de los colombianos frente al trabajo ha cambiado. De acuerdo con un estudio realizado este año, el 80% de los entrevistados se ve en un futuro trabajando de manera independiente porque asumen que si pierden el puesto después de los 40 años no van a poder conseguir otro.

El desempleo y la falta de estabilidad laboral, según el informe, también repercuten en el sentido de pertenencia o compromiso de los trabajadores. Para el 70% de los encuestados, el trabajo hoy en día no es un medio de realización personal sino una herramienta para acceder a beneficios sociales como salud y educación.

¿Cuál es la cuestión?

Juan Carlos Ramírez, presidente de la Asociación de Gestión Humana del Valle Acrip, reconoce que en la medida en que se va avanzando en edad, se complica conseguir trabajo. Sin embargo, sostiene que este fenómeno se presenta más en el sector operativo y comercial, donde las industrias buscan mano de obra joven por las exigencias físicas de los oficios.

Esto lo comprueban las cifras del Dane. Según el censo de la población desempleada en el país, las ramas con mayor proporción de desempleados son la construcción, con un 22,6% de hombres y un 0,9% de mujeres cesantes, seguida por la del comercio, con un 21,7% de desocupados y 31,3% de desocupadas.

La muerte laboral después de los 40 es un fenómeno que hay que frenar porque cada vez se está valorando menos la experiencia profesional, insiste Julio Roberto Gómez, secretario general de la Confederación General del Trabajo.

El llamado que hace es a sensibilizar tanto a las empresas para que mantengan un equilibrio de género, edad y condición social en su bolsa de empleo. “Una persona madura representa experiencia, estabilidad emocional, compromiso y debería ser valorada por la sociedad. Pero en el país alguien hasta de 30 años ya es considerado viejo para ciertos empleos”.

Por su parte, la psicóloga Peralta asegura que existe otra creencia para revaluar y es sobre la pérdida en la capacidad de aprendizaje en las personas de 40 años. Una investigación realizada por la Universidad de Buenos Aires demostró que el ser humano puede mantener la capacidad de aprendizaje totalmente activa hasta los 80 años.

Y es que a los 40 años las personas se encuentran en la mitad de su recorrido laboral y con un promedio de vida de más de 20 años dentro de cualquier compañía.

“Lo más grave es que dejan de cotizar su seguridad social, se quedan sin protección de salud, sin pensiones... les llega la vejez y el único derecho que tienen es a que les devuelvan lo que cotizaron para gastarlo”, manifiesta Vásquez.

Elizabeth dice que seguirá intentando recuperar su vida afectiva y prefiere continuar su camino profesional sola. La situación económica de Ester no le permite independizarse y sigue enviando hojas de vida. “La cuestión es que el tiempo pasa y cada día me convenzo de que no hay trabajo para los cuarentones”.
(EXCLUSIVO- EL PAIS-CALI)