Sunday, June 24, 2007

EL ETERNO GUAYABO DE EMILIANO


POR: JAVIER SANTAMARÍA

¿Quién no ha vivido penas de amor?, en mayor o menor grado todos hemos sufrido las consecuencias de una ruptura amorosa-sentimental, lo que los especialistas suelen llamar “duelo amoroso” y en Colombia popularmente se conoce como “tuza”, mismo sentimiento que ha dado pie a la creación de un genero musical muy arraigado en el sentir popular: “ La Música Carrilera” o “Música de despecho”.

Sus letras rinden culto al desamor, a los corazones adoloridos de todos aquellos que se debaten en la tristeza y desahogan las penas de amor en una botella de licor o en actos de distinta índole que pretenden, desde buscar el perdón o en ultimas limpiar el honor manchado.

Esta situación se palpa desde hace ya tres semanas en la telenovela “La hija del mariachi”, vivenciada en la ruptura amorosa de la pareja protagónica. Emiliano es victima de una “tuza” en tercer grado, donde su único escape ha sido el licor y la dejadez personal, un marcado desinterés por la vida, que no esta alejado de la realidad, pero que por tratarse de un tema delicado y que desencadena en la mayoría de casos, en mayúsculos problemas como lo es el alcoholismo, se hace necesario el manejo de la prudencia y de la mesura por parte de los libretistas y el director de la telenovela, al abordar tan a la ligera el tema del llamado “Duelo amoroso” o “tuza”, por ser está producción una de las preferidas de los niños y jóvenes, testigos directos de una trama, que quiera o no, hace apología a ciertas costumbres incrustadas en la sociedad y que hoy alarma por su incidencia particular en los jóvenes colombianos: el consumo exagerado de licor a muy temprana edad.

Es cierto que los padres de familia debemos propender por enseñar a nuestros hijos a ver televisión y discernir en conjunto sobre las temáticas planteadas en las telenovelas, series, películas y demás, pero la realidad del entorno social colombiano dificulta de alguna manera esta tarea y el acto de ver televisión esta supeditado al antojo de los niños y jóvenes que ven en todo lo que transmite la televisión un patrón a seguir.

El papel del libretista es vital y se hace necesario su concientización para llevar a través de sus trabajos para televisión mensajes que contrarresten todos los antivalores que hoy por hoy ondean nuestra sociedad, si se asume que las telenovelas simplemente son obras de ficción hechas para esparcimiento, y no pueden direccionarse como un cercano medio pedagógico, están desaprovechando una herramienta eficaz y contundente para amortiguar de alguna manera situaciones poco sanas como el vicio al tabaco, la ingesta de licor y la no utilización del condón en las relaciones sexuales, entre otras tantas.

El eterno guayabo de Emiliano obviamente no es un ejemplo a seguir, son situaciones que el común de las personas experimentan y superan, pero otras tantas hoy se debaten en las garras del alcoholismo, grave enfermedad que los ha llevado a actos y situaciones denigrantes, por eso considero que a Mónica Agudelo y a Mauricio Miranda se les fue la mano.

jahesa@hotmail.com