Thursday, August 12, 2010

¡NO ME LE PEGUE A LA NEGRA!


POR: JUAN MANUEL RUÍZ-PERIODISTA

Qué risa me da cuando oigo a colegas míos hablar mal del periodismo de farándula, despotricar sobre el deber ser y el no deber ser del periodismo, cuando no se han leído siquiera un manual de deontología periodística y en cambio sí quieren posar de intelectuales a la carrera, a la ligera, de última hora: intelectuales de crucigrama.
De vez en cuando algunos de esos colegas toman por deporte hablar mal de Graciela Torres, conocida como La Negra Candela, y se burlan o ufanan de no hacer un periodismo como el de ella, que dizque es de chismes, que dizque no es serio, que dizque no aporta a la sociedad. En fin. Qué risa me da.

El periodismo de farándula es de los más serios y complicados de nuestra profesión. Vive de los famosos y los famosos viven de él. ¡Pero si a los famosos les encanta que hablen de ellos! ¡Les encanta figurar! ¡Para eso son famosos!Lo que pasa es que a algunos la fama les llega por la cañería o por sus maromas de cama, y no están preparados para enfrentarla. Creen, equivocadamente, que por ser famosos son dioses: tremendo error.

El famoso es una víctima. Víctima de su propio invento, incluso de su talento. Aunque hay famosos que no lo tienen, como París Hilton. Ella es famosa porque tiene el síndrome de hijo, como lo llamo yo en mi novela Ciudad Adrenalina. Su único mérito es tener ese apellido y acompañarlo de videos porno. Pero no da para más. No tiene más qué mostrar, salvo sus habilidades para el sexo oral.

A los famosos les encanta salir en las revistas y que los saluden en la calle. Les encanta firmar autógrafos, sentirse reconocidos, alabados y bendecidos. Y eso está bien, así funcionan las cosas: no hay nada malo en ello. ¿Acaso no es la vanidad una de las obsesiones humanas? Pero ¡cuidado si hablan mal de ellos, o los bajan de su pedestal! ¡Ahí fue Troya! Que los vieron en tal parte haciendo tal cosa, que los esperaron borrachos a la salida de un bar, que le pegaron a la novia, que tiene ciertas preferencias sexuales. Seamos serios.

La fama, vanidad de vanidades, efímera como la pavesa que se lleva el viento, surge precisamente porque el ámbito del que se destaca por cualquiera que sea la razón es más restringido. Si no, que lean el manual de periodismo del profesor Carlos Soria sobre lo íntimo, lo público y lo privado. El famoso tiene, para bien o para mal, restringido esos ámbito por voluntad propia. Si no es famoso no suena, si no hablan de él no pega, si no está en los cotilleos no existe. Y el mundo en el que se mueven es el del showbusiness, el de un negocio en el que lo importante es ser popular y no virtuoso.

Pablo Escobar era famoso, pero por terrorista. Chávez es famoso, pero por payazo y bocón. Tori Black y Sasha Grey son famosas, pero por putas. En ellas no hay nada de virtud (Bueno, Nietzsche opina otra cosa, pero en otra oportunidad me referiré a ello).

Así que lo que la Negra Candela hace en tres programas diferentes es fungir de notaria de la vida de los famosos que tanto la necesitan. Pero, oh, que hipocresía, la quieren para que hable de sus virtudes y no de sus defectos, defectos como los que tenemos todos los humanos. A uno le encanta hablar de los demás, pero no que hablen de uno, eso es claro. ¡Ay de que alguien se atreva a hacerlo! Los pragmáticos son menos snob: que hablen, aunque hablen mal…

Cuando fui profesor de la Universidad Sergio Arboleda, profesor de ética periodística, defendí a la Negra Candela en el caso de Lully Bossa. Y lo hice por absoluta convicción. A la Negra le llegó el video porno de Lully que a todos los periodistas nos llegó y que se vendía en la 19 a dos mil pesos. Ello hizo leve referencia al episodio. Lully estuvo de malas; su novio la traicionó. Grabó el video y lo entregó. La Negra hizo referencia a esa engorrosa y lamentable situación: ¡la Negra es culpable! Qué hipocresía, que falta de cohesión. Ella tuvo la culpa de que el video se conociera, según el fallo de la justicia. Qué pacata sociedad.
Conozco a La Negra hace 20 años. Y en esos 20 años he conversado con ella decenas de veces. Le he contado temas bastantes delicados. Me acuerdo de uno o dos.

Uno de ellos tiene que ver con un episodio del que fui testigo y que involucra a un “personaje” de la farsándula con las FARC. Un personaje que posa de adalid de los derechos humanos. Yo fui testigo de un episodio en el que quedó mal parado, pobre hombre. Nunca lo he contado y nunca lo contaré a nadie más. Pero sí se lo conté a La Negra. Y ella no dijo nada, digo, no publicó nada. Porque me escuchó el relato y como buena periodista trató de contrastar lo que le dije. Era mi palabra contra su deseo de constatar. No pudo hacerlo, y no publicó nada.

Decenas de veces le conté cosas superdelicadas, y le di mi versión de acontecimientos de interés nacional. Y cuando le pedí discreción, la mantuvo.
Lo sé, porque me consta, que La Negra Candela, te escucha, atentamente, pregunta, contrapregunta, indaga, profundiza. No le preocupa el chisme. Le preocupa la noticia. Es incisiva, audaz, concluyente. No se queda con tu versión. No es una periodista a la que buscas para contarle un chisme. No, la Negra es una periodista de verdad. Ella es de las periodistas más serias que conozco. Casi nunca conversas con ella por teléfono. Es en persona. Te mira, te observa, te detalla. Te analiza. Quiere que tus ojos digan la verdad. Te evalúa. Te aconseja, te dice lo que piensa, no se guarda nada.

No en vano está por las mañanas en Olímpica Estéreo, por las tardes en Todelar con su programa “Picantisimo” y el fin de semana en El Lavadero, del canal de televisión RCN. Tres medios absolutamente diferentes, absolutamente poderosos, absolutamente respetables. Criticarla a ella, atacarla, es hacerlo con esos tres pulpos, ni más ni menos. Y es la reina en ese género periodístico. Nadie tiene su talento ni su seriedad en esa rama. Así que dejémonos de hipocresías, de falsas posturas, de absurdas discriminaciones.

Ella es una periodista de verdad verdad. Pocas como La Negra he conocido en 20 años de oficio. Jamás he ido a su casa, nunca ha venido a la mía. Somos colegas, serios, experimentados y me merece más respeto, mucho más que tantos otros de pacotilla.



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