Sunday, June 6, 2010

EN CUERPO AJENO...



POR: JAVIER SANTAMARÍA

Hasta hace ocho años podría decir que fui totalmente indiferente a todo el acontecer político de mi país. Jamás había hecho uso del derecho al voto en una tierra donde supuestamente se enseñorea la democracia. Pero tras dos mandatos consecutivos del señor Álvaro Uribe Vélez y todas las incidencias, buenas y malas, que han perlado su gobierno, me fue prácticamente imposible seguir haciéndome el de la vista gorda en esta materia.

Nuestro actual mandatario no ha sido “santo de mi devoción”, por varias razones que no vienen al caso enumerar, ni recalcar, pero de igual forma tampoco puedo tapar el sol con un dedo y desconocer que lo más significativo que el señor Uribe ha hecho a lo largo de estos años es mantener una postura abiertamente guerrerista frente a los grupos subversivos y terroristas, asestándole, eso sí, con el apoyo irrestricto y heroico del ejército y la policía, contundentes golpes que han logrado menguarles su poderío y afincamiento, como ningún otro mandatario oso atreverse, aunque en este caso estuviese motivado por una venganza personal, brindándole a Colombia de esta manera un profundo respiro en materia de seguridad.

Decir que las FARC y el ELN están en vía de extinción, que les queda muy poco tiempo de vida como movimiento insurgente terrorista, que están ya derrotadas, es una falacia tan grande, como decir que nuestro Presidente no tuvo nada, nadita que ver con el asunto de las chuzadas del DAS, así lo jure.

Todo el polvorín que se armó tras el asesinato del líder guerrillero Raúl Reyes en territorio ecuatoriano y las consecuentes rupturas de relaciones diplomáticas con el país vecino, aunado a las rencillas, casi de tono personal, ente el mandatario venezolano Hugo Chávez y el Señor Uribe, que también dejaron las relaciones diplomáticas y comerciales en cuidados intensivos con la hermana Republica Bolivariana de Venezuela, conforman la parte central de este guión que está a punto de finalizar, dejándole un sabor agridulce al Presidente saliente, pues con sus encrucijadas del alma y todo el rollo del fracasado referendo reeleccionista, su intención era la misma de su homologo venezolano: perpetuarse en el poder indefinidamente.

Escudados ambos en la premisa de que son imprescindibles en la continuidad y desarrollo total de su bastión de combate ideológico, ahora que se avecina la elección de su sucesor, muy seguramente haciendo de tripas corazón, tras la aplastante derrota en urnas de la consulta partidista de su consentido y “clon” ideológico, el señor Andrés Felipe Arias, hecho a su imagen y semejanza, el pequeño Uribito de sus quereres , no le quedó otra salida que darle a regañadientes su apoyo político a Juan Manuel Santos, su controvertido ex ministro de la Defensa, quien como buen pícaro, fundamento su campaña por entero en la continuidad de las ideas de su jefe, parecía disco rayado con el cuento manido de la seguridad democrática y que a la final, con el apoyo de un estratagema de dudosa reputación como J.J Rendón, blandió el casi triunfo frente a un inflado líder mediático que peco por hablar de más y no ser “pícaro” como su adversario político.

Hace varios años la televisión colombiana transmitió una telenovela muy exitosa protagonizada por la eterna Diva de los colombianos, Doña Amparo Grisales, el galán de la época Danilo Santos y Julio Medina, un actor veterano fogueado en el exterior del que poca referencia teníamos, cuya trama giraba en torno al tema de la reencarnación, en este caso el viejo millonario fallece sin cumplir su cometido de vida, por lo que extrañamente su alma toma el cuerpo de un joven y apuesto campesino y regresa a la vida para resarcir sus errores y recuperar el amor de su joven mujer.

La segunda parte del actual guión político colombiano se asemeja a esta historia de ficción en algunas cosas y reverberando mi suspicacia de escritor, le diría que en este caso es nuestro saliente presidente el que tomara un cuerpo ajeno para tratar de perpetuar su legado, aunque este cuerpo no sea de su total agrado, pues el destino, o mejor, las maquinarias políticas le jugaron una mala pasada y tendrá a fuerza que reencarnar políticamente en Santos.

¿Fue Uribe la reencarnación de José Obdulio Gaviria y ahora Santos la de ambos?, que pereza ser la maquiavélica marioneta de otros, hablar, discursar y decidir con la cabeza, las ideas de otros, un zombi político sin alma, sin poder propio…

jahesa@hotmail.com