Wednesday, March 10, 2010

"LA ABUELA" SE MURIÓ EN MI HOMBRO...


Por Majida Issa*, actriz y nieta de Teresa Gutíerrez.

A mi abuela le debo muchas cosas. Con todos nosotros –somos cinco nietos, un hombre y cuatro mujeres– fue una abuela inigualable. Nos apoyó mucho en nuestros estudios y carreras, y nos dio su ejemplo de mujer luchadora y profesional. Lo mismo fue con sus hijos –dos hombres y dos mujeres– (entre ellos, los actores María Margarita Giraldo y Miguel Varoni). Dos de sus nietas somos actrices, Giordana Issa, que hace teatro y va a salir en ‘El clon’, proyecto de RTI, y yo. Siempre nos dio consejos sobre la disciplina que debíamos tener en el trabajo. Pero nos amaba tanto que quizás por eso ya sólo nos decía cosas bonitas. Hace poco me vio en mi papel de ‘Meche’, la vecina de la mamá de Marbelle en la telenovela de RCN, ‘Amor Sincero’ y me dijo: “¡Digna nieta de su abuela!”.

Como le tocó muy duro en su vida, era una mujer muy cariñosa, abierta, inteligente, todos sus hijos y nietos le teníamos la confianza suficiente para contarle todo, por grave que fuera. Y ella me preguntaba siempre, sin juzgarme: “¿Eres feliz?”, “lo importante es que seas feliz”, decía.

Tenía un humor extraordinario y una ironía muy fina. A todas las cosas feas o regulares les sacaba un chiste. Por ejemplo, todos le recordaban que sus esposos habían sido dos hombres muy apuestos con un “se llevó los mejores”, y ella les respondía: “Buen gusto sí tengo, y mis hijos me salieron muy bien”.

Sí, era una mujer de mucho carácter, pero muy tierna, no con todo el mundo; con sus nietas, y muy a su estilo, nada empalagosa.

Con Miguel Varoni sí era muy apegada, hablaban mucho, iba con frecuencia a Miami, pasaba allí todos los fines de semana.

Para él y para todos ha sido muy duro. Porque la de mi abuela fue una muerte muy inesperada. Yo estaba con ella en la casa. Por la mañana se había sentido muy mal y le puse el inhalador. Y de pronto se quedó dormida en mi hombro. Todos estamos muy agradecidos con Dios porque ella murió como quería, tranquila, sin sufrimiento, sin que nadie padeciera por su dolor.

Además, trabajó hasta sus últimos días. Decía que trabajar le daba vida. Disfrutaba enormemente su trabajo, iba feliz a las grabaciones de ‘Los Victorinos’, donde compartió escenas con Silvia de Dios y la dirigió Ramiro Meneses. Pero nos había dicho que no quería trabajar más, porque los horarios eran extenuantes, los llamados a grabación eran muy largos. Aún así, nunca se quejaba. Era muy fuerte, de mucho temple. Súper lúcida y muy sana. No tenía achaques. La única queja que exclamó fue su última frase: “¡Qué vejez tan hijueputa!”.



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