Tuesday, March 23, 2010

"DOÑA BÁRBARA": UNA IMPOSTURA


La adaptación mexicana de la novela de Gallegos escatima escenas y diálogos importantes, aunque se aplaude el gesto de llevar la historia a la televisión internacional

Por: Sonia Dugarte


Coincidiendo con la conmemoración de los ochenta años de la publicación de Doña Bárbara, la obra máxima de don Rómulo Gallegos, publicada en 1929 en España donde obtuvo el premio de Libro del Año , y también con otro aniversario del nacimiento de su afamado autor en agosto pasado, se estrenó en Caracas una versión de esta obra realizada por la televisión mexicana.

Se trata de una superproducción "a todo dar" como dirían los entrañables mexicanos, sin escatimar gastos de producción, con lujosas locaciones, escenografías, vestuarios, caballos de raza y un reparto nutrido de actores y extras. En lo que sí se escatimó fue en los diálogos de la novela, que fueron omitidos en la mayoría de las escenas, cambiándolos por parlamentos cortos e intrascendentes escritos por los libretistas.

La Doña Bárbara mexicana es una versión libre, libérrima se diría, de la novela original tanto en su fondo como en su forma, aunque en ella esta explícito el mensaje civilizador que Gallegos le imprime a su personaje central: Santos Luzardo. También se incurre en ciertos detalles que desvirtúan el espíritu de la novela y la ponen a un paso del folletín romántico, cuando es todo lo contrario.

Se sabe que la telenovela es un producto comercial para las grandes masas y más siendo una superproducción, adornada con toda la imaginación que cabe. Y debe haber representado una gran tentación para los libretistas caer en este "Duelo al sol", en esta historia de pasión, deseos y desconfianzas entre Doña Bárbara y Santos Luzardo. Pero si tuvieron agallas suficientes para filmar la gran novela venezolana que ha vendido millones de ejemplares en el mundo, y ha sido traducida en varios idiomas, también hay que andar con tiento para no cambiar la historia real y no tratar de enmendar la plana al maestro. No saltarse el hilo narrativo filmando escenas muy parecidas al astrakán de Hollywood, que ya de ellos tenemos bastante con las series norteamericanas de vaqueros sofisticados.

Se escatiman escenas importantes y se añaden otras sin ningún contenido y hasta inverosímiles. Se desperdicia lastimosamente el material literario y filmográfico de la obra y se pierden diálogos que revelan la sabiduría popular del llanero en las tardes de vaquería, cuando Carmelito, María Nieves y Pajarote expresan sus pareceres en doble sentido, algo muy característico del habitante de los Llanos, que Gallegos capta en forma muy hermosa.

Ejemplo de alguna escena prescindible es cuando Luisana Requena, presunta novia de Santos Luzardo y su primo afeminado Maurice, aterrizan en la Hacienda Altamira en una avioneta. Estos personajes son prescindibles por tontos y presuntuosos.

Un tonto que sí es verdaderamente galleguiano es Juan Primito: el bobo poeta, que ve rebullones, unos pájaros premonitores de desgracias. En esas escenas sí dieron en el clavo.

Ese tratar de enmendarle la plana al maestro Gallegos se evidencia también en el cambio de los nombres de las locaciones. Por ejemplo, cuando se refieren a Caracas, dicen la capital; el pueblo más cercano a Altamira y el Miedo lo llaman El Progreso en vez de Achaguas, las fiestas de Cruz de Mayo son la feria de las flores, además de algunas escenas y vestuarios que hacen evocar las series norteamericanas Dallas
y y Falcon Crest, por lo glamoroso.

La novela tiene fotografías muy hermosas, soberbias: la de los amaneceres y crepúsculos llaneros captados en los llanos orientales de Colombia, donde fue filmada la pieza.

Otro punto discutible de la telenovela son algunos de los actores y actrices. Comenzando por la protagonista Edith González, reconocida actriz mexicana, quien le puso el extra a su personaje, logrando escenas de maestría, aunque su tez rubia y de ojos azules difiere totalmente de la mestiza sombría, de ojos y cabellos lisos y negros y tez aperlada.

Pero el espectador se olvida del tipo y se concentra en la bravura de la mujerona para enlazar un potro o marcar con el hierro a un novillo cimarrón. El principal problema que tuvo que afrontar esta doña rubia es que ya hay un prototipo de Doña Bárbara: María Félix y parece que nadie ha podido destronar a esa cacica del Arauca.

Otro personaje a comentar es el de Marisela, la hija repudiada de la dañera con Lorenzo Barquero, el fruto del odio de la mestiza al triunfo del varón al preñarla. En la novela original Marisela es una jovencita lista, inteligente, profunda, cuyo carácter va modificando Santos al igual que su hablar refranero, desbastándola de su condición silvestre. Marisela al igual que Doña Bárbara es un arquetipo de la mujer llanera, cuyos sentimientos y pensamientos se traslucen sin decirse.

Génesis Rodriguez, quien personifica a Marisela, da todo lo contrario del personaje de Gallegos: es parlanchina, habla gritado sin modular las palabras con un terrible acento cubano y muy marcada pronunciación de la letra Ch, simulando a una muchacha malcriada y metiche, en lugar de la sencillez e inteligencia de la hija de la dañera, quien si a veces es huraña, está dispuesta a corregirse. Una joven rústica pero no analfabeta e imprudente como la describe el libreto. Aunque sus pasos están demarcados por el libreto a seguir hay que decir que la actuación de la joven Rodríguez es lamentable.

Con respecto a los demás integrantes del reparto lo hacen bien, lástima que tienen un remarcado acento colombiano y no se tomaron el trabajo de imitar el acento del llanero venezolano, que para eso son actores, piensa uno.

Destaca la actuación del siniestro Melquíades Gamarra "El Brujeador" y brillante la personificación de el civilizador Santos Luzardo por el actor peruano Cristian Meier, quien lucha por no caer en la fiera fascinación de la sabana.

A pesar de todos estos cuestionamientos se aplaude el gesto de llevar a las pantallas de TV internacional esta gran novela, cosa que muy pocos venezolanos se han atrevido a hacer, con excepción de José Ignacio Cabrujas, quien la adapto y la llevo a la pantalla chica en una miniserie por los años ochenta, con la destacada actuación de la primera actriz Marina Baura en el papel de la mujerona y Marisela Berti interpretando a Marisela.



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