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POR: JAVIER HERNANDO SANTAMARÍA
Nueve años han trascurrido tras el vil asesinato del periodista y humorista colombiano Jaime Garzón, nueve años de total impunidad, nada raro en este territorio de extremos contrastes que lo vio nacer y morir y en el que se erigió como un hombre de gran inteligencia, mordacidad y suspicacia, sin pelos en la lengua para cantar la verdad a los cuatro vientos, desmantelando con humor cáustico, simple y directo las vergüenzas de la casta política nacional y todos los intríngulis anexos a nuestra realidad como el narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares.
Con Jaime Garzón se fueron también el comunicativo portero Néstor Elí, el mordaz lustrabotas Heriberto de la Calle, la gomela Inti de la Oz, la impertinente empleada domestica Dioselina Tibaná, el leguleyo Godofredo Cinico y el pionero más destacado de la crítica política satirizada con espléndido humor, que hicieron de Jaime un visionario insuperable.
Como homenaje póstumo a este periodista y humorista se levanto en la capital colombiana una estatua en bronce que con el discurrir de los años y la acción de las manos ociosas de los habitantes de la calle prácticamente desapareció, reflejando de alguna manera nuestra apatía y decidía, característica del pueblo que olvida pronto a los grandes hombres que han intentado hacer de Colombia un mejor país; Garzón lo hizo con su encanto personal y grandes dosis de humor, como una valida salida a la encrucijada en la que aún nos encontramos, porque no tenemos memoria y tendemos a repetir los mismos errores, parapetados en un carrusel de corrupción y violencia crónica que se propaga como un virus letal, generación tras generación.
Pero no todo es desesperanzador en esta bella tierra donde, aunque no se crea posible, empiezan a germinar las semillas que todos esos mártires sembraron con su sangre y que han permitido despertar, aunque sea momentáneamente, de ese aletargamiento patriótico en el que hemos vivido los Colombianos desde hace mas de cincuenta años.
Al ver el Dvd que se comercializo de Jaime Garzón experimento una entremezcla de nostalgia y rabia reprimida, y me cuestiono las razones concretas para su desaparición, si aquel menudo hombre, dentudo, feo según los estereotipos y cánones universales, desbordado en su inteligencia, de un sentido del humor capaz de atrapar en sus redes a las mujeres más bonitas, de hacer amigos a granel, solo inspiraba buena vibra, ternura y gran admiración.
La estatua en su honor fue recuperada recientemente avivando el recuerdo de quien en vida miro nuestra realidad con sensatez y muchísimo humor... Jaime Garzón marcó, quizá sin proponérselo nunca, la historia de Colombia.
jahesa@hotmail.com
