De: BERNARDO SANCHEZ bern456@yahoo.es
Enviado el: Lunes, 30 de Octubre de 2006 07:28:37 a.m.
Para: jahesa@hotmail.com Asunto: LA HISTORIA SE REPITE EN ESPIRAL....
Me interesó mucho el estrecho marco conceptual con el que
refuta usted las críticas que ha generado la novela "Sin tetas
no hay paraiso", en él hace usted alarde de hombre neoliberal
perteneciente a esa sofisticada clase que sabe todo de la vida
(y nada de la gente) y todo aquel que no comulgue con su
perspectiva queda encasillado bajo el título de mojigato. Es
natural que desde las alturas en que se ubica no pueda
percibir el temor del ciudadano promedio (imperfecto a
diferencia suya), que en su humilde sapiencia logra entreleer
la idea que subyace en esta novela; y es que el mensaje que
esta obra lanza a la población no es otro que publicitar como
virtud lo peor que hay en la sociedad, para que los hombres
logren éxito y respeto la mejor vía es traficar con drogas (o
cualquiera otra cosa con la que se pueda traficar como
personas, órganos, armas, etc) o prostituirse solo por lograr
un sueño trivial que ha sido exagerado por el "marketing".
Pero usted se empecina en no ver que esto solo ayuda a
mercadear y reclutar de entre los jovenes de ahora a los
futuros capos y soldados de la mafia, asi como a sus esclavas
sexuales. No me extrañaría verlo dentro de veinte años cuando
se legalize el sexo entre adultos e infantes o con cadáveres
(también por cuestiones de marketing)dándose golpes de pecho y
señalándose como honorable patricio que supo preveer ese
futuro de plena libertad del hombre, y que mantuvo duras
batallas contras las barreras levantadas por los primitivos
mojigatos. Personas como usted me recuerdan la frase de
Napoleón "Es preferible un ignorante creyente, que un
intelectual amoral"
Al regresar un viajero de un lejano territorio
me dijo: hay en el desierto, sin tronco, dos grandes
piernas de piedra. Cerca, medio hundido
en la arena, yace un rostro destrozado
cuya frente, cuyos labios fruncidos, cuyo frío
gesto de dominio y desprecio proclaman
que su escultor conoció muy bien las pasiones
que, selladas en esas cosas sin vida, aún sobreviven
a la mano que les dio forma y al corazón que fue su
alimento.
Y aparecen en el pedestal estas palabras:
“Me llamo Ozymandias, rey de reyes.
Contempla mis obras, tú, poderoso, y desespera”.
Nada permanece, alrededor del deterioro
de esta inmensa ruina, ilimitada y desnuda
se extiende lejana la arena solitaria.
Percy Bysshe Shelle